El dilema del PSOE visto por un joven apparatchik

Por Dámaso Riaño

Apparatchik¿Tiene sentido aceptar la oferta de gobierno de Podemos? Me pregunto cómo intenta responder a esta pregunta un joven cuadro del PSOE.

Primera hipótesis: Podemos como Partido de los Jóvenes Socialdemócratas. El PSOE se arriesgaría a ser sustituido.

Si el proyecto político de Podemos es esencialmente equivalente al socialista (en una línea: aprovechar los resquicios del sistema para impulsar políticas de corrección de la desigualdad), y la diferencia entre uno y otro es sólo estética y de lenguaje, el problema para el PSOE es grave: ¿cómo compartir gobierno con alguien que aspira a sustituirte, que compite por tu espacio con tu misma oferta? O dicho de forma más precisa: ¿cómo darle a Podemos lo único que no tiene, experiencia de gobierno, cuando existen ya buenos motivos por los que el partido morado podría ganar ese hipotético duelo entre socialdemócratas? No lo olvidemos: sus dirigentes son más listos, más jóvenes, más mediáticos y no tienen mancha de corrupción; no tienen nada que perder (qué mejor amuleto) y además tienen ventaja biológica (los votantes de Podemos también son más jóvenes que los del PSOE, por lo que la sustitución en parte es cuestión de tiempo).

Es cierto que la derrota del PSOE en ese escenario nunca sería completa, gracias a la rocosa resistencia que cabe esperar en Andalucía, Extremadura y La Mancha. Allí, la batalla estética no la gana lo cool y además a Podemos no le darán ni la hora hasta que reniegue de su política territorial, cosa que de momento no puede hacer. Pero por relevantes que sean esas plazas, sumadas sólo a las células de incondicionales socialistas en el resto de España, no dan ni siquiera para liderar la oposición. El pacto convertiría al PSOE el Partido Olivarero, defensor de los intereses nacionales del sur.

Segunda hipótesis: Podemos como Partido de la Revolución Secreta. Más riesgo para el PSOE, rozando el game over.

Si Podemos (al contrario que el PSOE) realmente aspira a un cambio de paradigma, una revisión más o menos profunda de las bases económicas de nuestro sistema, su acción de gobierno sólo puede perseguir un objetivo: conseguir que la realidad desmienta la hipótesis socialdemócrata (es posible mejorar las condiciones de vida de las personas respetando las reglas actuales) y valide la hipótesis revolucionaria (dentro de la lógica vigente no hay margen). Sólo así Podemos podría sumar adeptos suficientes para una causa hoy minoritaria, aunque en ascenso.

¿Qué interés podría tener el PSOE en favorecer esta operación? Ninguno, sobre todo porque hay buenas razones para pensar que la jugada de Podemos podría funcionar. Con Merkel y su gente de uñas frente a ese gobierno de izquierdas, las posibilidades de una mejoría de la situación económica son escasas. El previsible marasmo y la frustración que vendría con él serían el catalizador perfecto para generar un momento revolucionario.

En este segundo escenario, lo que quedaría de PSOE sería un partido en retirada, con grandes pérdidas de votantes por la izquierda y al que para entonces ya habría abandonado su parroquia más moderada (que nunca les perdonaría haber entregado a Podemos las llaves del cielo). Esos dos enormes butrones electorales pondrían en riesgo incluso el premio de consolación, los bastiones del sur. En ellos, el PSOE seguramente pagaría un alto precio por haber comprometido un sistema que en última instancia beneficia a sus plazas fuertes, y que quedaría en manos del choque de trenes Derecha-Podemos. En definitiva, el gobierno con Podemos podría convertir al PSOE en el Partido Nostálgico de la Movida, un pequeño reducto casi intelectual, reservado para quienes piensan que la belle époque fueron los ochenta.

Tercera hipótesis: Podemos como Partido Incógnita. Otra trampa. Sustitución o destrucción, según el contexto.

¿Y si Podemos no tuviera un plan definido todavía? Esto les permitiría jugar a todas las barajas (arte que ya sabemos que dominan) y dirigiría al PSOE a la misma ratonera. Si hay mejoría de las condiciones de vida, Podemos será socialdemócrata y dirá que sin ellos el PSOE se vende a los que mandan (o a la inversa: con nosotros solos os iría mejor). Y si esa mejoría no llega, estrategia de tensión y al monte: lo hemos intentado todo pero la socialdemocracia no es posible. De nuevo, las mismas opciones pero en diferido: sustitución o destrucción.

La conclusión es clara, se mire por donde se mire: para el PSOE, la coalición con Podemos es una mala idea. La pregunta es si hay alguna mejor. Los números sugieren que no, pero como dice la canción: quizás, quizás, quizás.

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