La perspectiva relacional de las normas. Ideas para la mejora de la Ciencia jurídica

Por Silvia Díez

law-of-gravity-enforcedEl pasado 7 de octubre tuvo lugar en la ciudad de Espira la reunión del grupo de trabajo sobre “Fundamentos del Derecho” con ocasión de la 75ª Reunión Anual de la Asociación de Profesores Alemanes de Derecho Público. Como cada año desde la creación del grupo en el año 2011, se dedicó una mañana a la discusión de un tema relacionado con las bases de la investigación jurídica. El tema elegido en este año fue la mejora de la ciencia jurídica y el ponente encargado de la exposición, el Profesor Oliver Lepsius, de la Universidad de Bayreuth. Su tesis se sometió posteriormente a la crítica de la Profesora Anne Peters, del Instituto Max Planck de Derecho Público Comparado y Derecho Internacional de Heidelberg y de Ino Augsberg, Profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad Christian-Albrecht de Kiel. Tras estas intervenciones se dedicó más de una hora a un intenso debate entre los asistentes.

El profesor Lepsius esbozó las líneas generales de un modelo con funciones explicativas, analíticas y heurísticas –en sus palabras- con el fin de mejorar la forma en que los juristas trabajan con las normas. El punto de partida de su teoría es la adecuación de la dogmática para alcanzar decisiones generalmente buenas. Sin embargo, critica la dificultad para adentrarse en la investigación partiendo de la dicotomía existente entre validez (normatividad) y eficacia (facticidad). Desde su perspectiva, las normas cambian por distintos motivos, como la interpretación o la influencia de factores externos. Por esa razón, las normas solo pueden ser objeto de una investigación relacional y no sustantiva. Las preguntas en torno a las normas deben basarse siempre en lo que dice la norma en determinadas circunstancias. Solo de ese modo es posible comprender y valorar adecuadamente su contenido y, así, abrir el espectro de crítica de la ciencia jurídica.

Con base en esa premisa, Lepsius establece tres posibles estados físicos de las normas –estableciendo un paralelismo con las ciencias experimentales–. Los tipos de normas ordenados con este criterio son:

  1. Las normas en estado sólido, que establecen consecuencias jurídicas vinculantes y tienen validez y eficacia directa. El ejemplo paradigmático serían el acto administrativo y la sentencia judicial, que establecen decisiones jurídicas de carácter concreto-individual.
  2. Las normas en estado líquido, que tienen validez sin eficacia directa. Como ejemplo, Lepsius se remite a la Ley y el reglamento, esto es, a normas de carácter abstracto general. El mandato normativo en estos casos solo se puede analizar de forma hipotética. Es precisa una subsunción posterior que estará influida por el supuesto de hecho, las instituciones, las circunstancias y los tipos de procedimientos, entre otros factores.
  3. Por último, se describen las normas en estado gaseoso, que no tienen validez ni eficacia. La norma se diluye en ideas y pensamientos, que están orientados a la interpretación de las normas, como los principios, los discursos en torno a la justicia, la identidad o los valores.

Esta clasificación no pretende introducir ningún juicio de valor sobre cada uno de los tipos normativos. Pero se presenta por el autor como una ordenación útil para comprender mejor los distintos contextos o relaciones en los que opera cada norma. Esos contextos pueden ser de distintos tipos:

  1. Contexto institucional. Las instituciones trabajan con las normas solo en determinados estados físicos. Así, los Parlamentos son competentes para establecer normas líquidas, pero no para fijar normas sólidas o gaseosas. Los Tribunales se ocupan de las normas sólidas y la Ciencia jurídica se encarga, sobre todo, de las normas en estado gaseoso.
  2. Contexto procesal. La eficacia vinculante de las normas depende de su relación con la organización y el procedimiento. Es el caso, por ejemplo, del proceso de control de inconstitucionalidad de las leyes o de las exigencias del principio de legalidad.
  3. Contexto fáctico. Las normas sólidas se refieren a supuestos de hecho (el relevante para la decisión) distintos de aquellos que aparecen en las normas líquidas (pronósticos, escenarios hipotéticos, etc.). Las normas en estado gaseoso han perdido la referencia al supuesto de hecho y, por eso, permiten una aproximación interdisciplinar.
  4. Contexto de pluralismo jurídico. Gracias a la teoría de los estados físicos de las normas es posible explicar que la misma norma tenga distintos grados de vinculación y eficacia según las circunstancias.
  5. Contexto de decisiones judiciales. En el Derecho alemán los precedentes judiciales suelen tratarse como normas abstractas-generales (normas líquidas). Sin embargo, las decisiones judiciales son normas sólidas. A través del análisis de las relaciones de las normas debería ser posible analizar el valor líquido de las decisiones judiciales.

La crítica más directa a esta propuesta se refiere a su finalidad. La Profesora Peters señaló que se trataba de una construcción interesante en torno a los métodos de aplicación del Derecho. Pero negaba que aportara mucho al análisis del método científico-jurídico. En su opinión, la propuesta de Lepsius es una aportación a la mejora de la investigación jurídica en la medida en que es una buena teoría, pero no ofrece soluciones para mejorar el modo de proceder de la ciencia jurídica. Esta crítica parece acertada. Sin perjuicio de su posible desarrollo en el futuro, la construcción de Lepsius no parece introducir una verdadera innovación en la aproximación al análisis de las normas. La clasificación de las normas en función de sus estados físicos puede tener un especial valor gráfico y explicativo, pero no deja de ser, fundamentalmente, una escala de las normas en torno a su grado de abstracción. La relación con los distintos contextos tampoco añade nada esencialmente nuevo. Las transiciones de un estado a otro de las normas constituyen, a mi juicio, el mayor reto explicativo. La volatilidad del estado de las normas y su capacidad para mutar en el discurso jurídico debe ser objeto de análisis y explicación. También deben identificarse, en su caso, los límites que han de ordenar esos procesos. El clásico método conceptual clasificatorio empleado por Lepsius es, sin embargo, limitado a estos efectos. Sus normas sólidas, líquidas y gaseosas son conceptos que, a su vez, requieren subsunción y que, como tales, no suponen una novedad metodológica que ayude a renovar o entender mejor la forma de proceder de la ciencia jurídica.

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