Rápido y gráfico: Redistribución y Estado de bienestar (2)

Por Borja Barragué

Decíamos en el último post que a diferencia de lo que ocurre en otras democracias industriales, en España no existe una división social en cuanto al tamaño del Estado de bienestar: en general, tanto los ciudadanos de izquierdas como los de derechas prefieren aumentar los servicios de bienestar –incluso si esto implica aumentar también el tamaño de los impuestos- a rebajar los impuestos. Éste es un hecho interesante porque lo que esperaríamos es que quienes se declaran de izquierdas prefieren más políticas redistributivas mientras que quienes se declaran de derechas prefieren que les bajen los impuestos. Pero el post se limitaba a realizar esa observación, sin responder la pregunta que surge a continuación: ¿por qué en España quienes no son demasiado favorables a la redistribución, en generanl, son más o menos partidarios del Estado de bienestar español, en particular?

Una explicación posible es que el Estado de bienestar en España es poco redistributivo. En efecto, es un error más o menos frecuente presuponer que los programas de seguridad social tienen per se efectos redistributivos en favor de los más pobres (Korpi y Palme, aquí; Fernández-Albertos y Manzano, aquí). El gráfico muestra que a pesar de que muchos países de la OCDE destinan alrededor de un 25% de su PIB a gasto social, en la mitad de ellos los programas de la Seguridad Social están diseñados de tal forma que los hogares más ricos reciben más protección que los más pobres. España es uno de esos casos: el 30% de los hogares españoles más ricos (decilas 8-10) reciben casi un 120% de transferencias –es decir, los hogares más ricos reciben más transferencias que la media de los hogares- mientras que el 30% más pobre recibe un 75% -menos que la media-.

Prestaciones-ricos-pobres

Esto se explica porque el grueso de las prestaciones por desempleo y de las pensiones no tienen como objetivo redistribuir rentas. Son prestaciones diseñadas para asegurar al trabajador ante eventualidades –paro, vejez, enfermedad, minusvalía- que le impidan obtener rentas laborales. El sistema de seguridad social español, como el de la mayoría de países europeos continentales, se basa en el principio contributivo, por lo que tiende a replicar lo ocurrido en el mercado laboral: si Cayetana entró en Caja Canarias o en la Universidad Complutense de Madrid con un contrato indefinido en 1983 que ha mantenido hasta ahora, tendrá (seguramente) una buena prestación de desempleo y una buena pensión de jubilación; si Jennifer accedió al mercado laboral diez años más tarde, durante la crisis del 93, y desde entonces ha ido enlazando, con frecuentes salidas y entradas, un contrato temporal después de otro, tendrá (seguramente) una escasa protección contra el desempleo  y una pensión más bien exigua.

Lo anterior significa que en los países con mercados laborales duales, donde los insiders ocupan puestos de trabajo altamente protegidos y los outsiders o bien ocupan empleos precarios o bien están desempleados, la inexistencia de una división social entre electores de izquierdas y de derechas en cuanto al tamaño del Estado de bienestar no debería extrañarnos. En una sociedad dual, la acción del Estado de bienestar se dirige más a mantener el poder adquisitivo que se tenía cuando se participaba en el mercado laboral que a proteger a los más pobres y los outsiders quedan excluidos de la protección y los privilegios que disfrutan los insiders. En España (i) 9 de cada 10 nuevos contratos son temporales y en 2014 su duración media fue de 54 días y (ii) los temporales representan aproximadamente una tercera parte del total de los empleados. En efecto, España es “el caso más extremo” de lo que los economistas llaman mercado laboral dual. En un escenario así, no debería extrañarnos que Cayetana y la Jenni tengan aproximadamente las mismas preferencias con respecto al tamaño del Estado de bienestar en España, aunque sus opiniones sobre Owen Jones y la estigmatización de lo choni no sean tan coincidentes.

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Una respuesta a “Rápido y gráfico: Redistribución y Estado de bienestar (2)

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